A principios del S. XX fue la gripe española la que dio fama en todo el planeta a los españoles: “muy mala fama, y sin tener ninguna culpa de ello", todo hay que decirlo. El fútbol, el tenis y la F1 cambiaron todo esto, y a principios del S. XXI los españoles obtuvimos algo de “buena fama”. Claro que, a día de hoy, ya no es por el fútbol, o las carreras por lo que más se ha vuelto hablar de España y especialmente de Aceuchal en Extremadura en todo el mundo sino, por ser la zona cero, origen del virus HZV o Virus Z, y más concretamente de la Cepa (NH1ª) ―extremadamente contagiosa y letal―. Virus este, en apariencia y por el modo como actua semejante al SOLANUM, aunque en esencia muy distinto; y que en la calle se le comenzó llamando localmente, y sobretodo por la prensa como: Gripe de los Barros". Pero, a la que finalmente, se terminó por conocer con otro nombre, mucho más inquitante.

martes, 22 de febrero de 2011

CAP 1 - 5 : El cartero siempre ataca, por lo menos, dos veces.



capítulo en curso (escribiendo...)

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Siempre me pregunté qué le puede pasar a un hombre o una mujer, por la mente, cuando se atavía con el uniforme de la Guardia Civil, se cala el tricornio hasta las orejas, y luego se mira cuadrándose frente al espejo ¿Qué tipo de seguridad puede otorgar a una persona vestir ese uniforme? Desde joven, esta pregunta había estado dando vueltas en mi cabeza, y por como se desarrollarían los acontecimientos aquel día, seguiría sin respuesta.

El Guardia Civil, al comprobar que me detenía ante la amenaza de los disparos, y que no iba a seguir huyendo, con toda la tranquilidad del mundo, y obviando la presencia de las criaturas que por momentos se acercaban en nuestra dirección, guardó su pistola en la funda, y me hizo señales explícitas con gestos para que me acercase.

―¡Vuelva aquí de inmediato, y entre en el coche! ―me ordenó

―¡Estás loco! Me voy a mi casa "Julay"· ―le respondí gritando, a la vez que pegaba mi espalda a la pared, buscando más seguridad, y mayor ángulo de visión.

―¿Me ha oído? Venga aquí ¡Ya! y entre en el coche de una puta vez, o tendré que arrestarlo. ―dijo, dirigiéndose de nuevo a mí con tono amenazante.

―Paso . Me quedo. Vete por donde viniste, y déjame en.... ―y poco más pude añadir, aparte de ― ¡CUIDADO!.


Apenas pude alertar con la suficiente antelación, como para que mi "cuidado" sirviese de algo al distraído Guardia, que pendiente en aquel momento de mí, no vio como se le venía encima, apareciendo del interior de unas de las casas situadas por frente, el cartero del pueblo. Poco o nada pudo hacer el hombre para evitar la brutal envestida y la primera dentellada al cuello, que lo llevó inmediatamente al suelo, cayendo presa del paroxismo extremo del cartero, que entre enormes borbotones de sangre, no cesaba en su afán interminable por desgarrar entre sus dientes pedazo tras pedazo de cuello. Y todo, ante la mirada estupefacta del compañero del guardia, que no veía el momento de salir del coche, para ayudar a su colega.

Apenas debieron pasar unos segundos, entre el comienzo del ataque, y el mordisco en el brazo que me dio el perrito. De ese modo, desperté de una pesadilla para introducirme de inmediato en otra. Por suerte, reaccioné a tiempo, aunque la impresión causada de la visión del ataque anterior, así como la rapidez con que se dieron los acontecimientos, no me permiten relatar con exactitud lo que pasó. De todo, lo primero que recuerdo es, que tras el mordisco del animal, mi primera reacción fue soltar al perro, que salió disparado en dirección a mi casa. Luego miré a mi izquierda y el sobresalto fue de importancia. Tenía a todas aquellas criaturas casi encima, a no más de un par de metros. Eran más numerosos, y venían a por mí.

Pero no iba a ganar para sobresaltos aquel día. Apenas me dije, preguntándome «¿Patitas para qué os os quiero?» comenzando a correr, y habiendo dado la primera zancada, que tres disparos me aturdieron. Cerré los ojos sin para de correr, y cuando quise darme cuenta, al abrirlos tenía al otro guardia frente a mí. Este se había bajado del vehículo disparando repetidas veces al endemoniado cartero, que quedó en apariencia inerte sobre su compañero. Luego, el guardia se dirigió directamente hacia mi posición, intentando así cortarme el paso, a lo que no se me ocurrió otra cosa que gritar preguntando: «¿Pero qué coño os pasa conmigo?» esto ya casi abordándole y cayendo, debido a la inercia, encima de él. Entonces me agarró sujetándome con fuerza, mientras me gritaba. Por fin, y después de un breve forcejeo logré zafarme, empujando a un lado al pesado guardia civil: precisamente en la dirección del cartero que se había incorporado por completo del suelo. No miré atrás, y salí corriendo, a la vez que el sonido de otro disparo me sorprendió, haciéndome tropezar y caer al piso.

Los disparos parecían provenir en esta ocasión de la ventana de mi casa. Levanté la vista desde el suelo, sin levantar la cabeza, para comprobar si me encontraba en la linea de fuego; pero antes de que pudiese apenas mover una pestaña, o hacer amago de volver a levantarme, unos gritos me advirtieron.

―¡No te muevas del suelo! ―gritó alguien.

La voz pareció la de Chemi, pero entre tanta confusión y ruido de disparos no estaba seguro. De lo que sí lo estaba, era de que además de los disparos de fusil que venían de frente, y muy posiblemente desde la ventana de mi casa, también podía escuchar otros de escopeta, "seguro", y provenientes de detrás mio. En cualquier caso, y de lo que estaba también "seguro" era, en primer lugar y más importante, que la escopeta estuviese donde fuere "no me apuntaba a mí, pues era un blanco fácil, inmóvil en el suelo. Y segundo, y no menos importante: que si los tiradores seguían a aquel ritmo y con la misma cadencia de fuego, en apenas unos instantes no quedaría una sola criatura en pie. Aunque la cuestión más importante, y de la que no estaba para nada seguro en aquel momento era, saber si seguiría aún con vida para entonces.